¿Qué “tramas”, casta?

PodemosPablo Iglesias, lider de Podemos. Reuters

Podemos se reinventa desde el lenguaje. Lo dominan, lo entienden y saben de su poder. En Twitter, Telegram o Facebook, cuentan con una legión de seguidores muy activos que hacen de altavoz a sus consignas. Con la casta comenzó todo. A fuerza de repetirlo una y otra vez, el término acabó por instalarse en el imaginario colectivo. Todo el mundo sabía quién lo había promovido y a quién se refería con ello. La casta política, los que ocupaban unos sillones dentro de los parlamentos.

En la época de la “política rápida” en la que nos vemos inmersos, la inmediatez y la caducidad son los pilares en los que se sostiene. Se busca el impacto, y a continuación otro impacto diferente, los eslóganes no perduran mucho tiempo, las palabras se ven arrastradas al olvido, etc.

Lo queremos todo y lo queremos ya, también queremos no gastar más energías que las estrictamente necesarias, no queremos cansarnos, esforzarnos en comprender. El problema no es de la política únicamente, ni mucho menos, el concepto de usar y tirar está presente y enraizado en toda la sociedad, cada día es posible verlo en las cosas más banales y simples que nos ocurren a cada uno.

¿Cuál es el mérito de Podemos?

En 2014 supo ver este problema mejor que nadie, lo analizó, lo entendió y adaptó toda su política entorno a ello. La fórmula era sencilla: hay que acabar con la casta.  Era el principal problema que tenía este país, directa o indirectamente, enraizado en sus cimientos más profundos.

La casta era un problema localizado (parlamentos) y ellos tenían la medicina (Podemos). Y lo consiguieron. Nadie les había invitado a la fiesta, pero irrumpieron en el Congreso de los Diputados como una fuerza a tener en cuenta. Y lo hicieron, les llamaron casta en su feudo.

La RAE define la casta como un “grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc.” La clase política se había separado del pueblo, se había convertido en una élite que miraba únicamente por sus intereses.

Pero el impulso inicial que tomó se fue desvaneciendo una vez llegaron al Congreso. ¿Acaso se convirtieron en casta ellos también? Quizá sí, quizá estuvieron solo tentados, o quizá no. Pero ahora han vuelto a la carga, la caballería se ha puesto en marcha y han vuelto a repetir lo que hicieron en 2014. El objetivo es distinto, ya no es la casta, es la trama.

Ahora bien, ¿la trama? Según la RAE se trata de un “conjunto de hilos que, cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela”. Otra acepción que contemplan es “artificio, dolo, confabulación con que se perjudica a alguien”.

Está por ver el efecto que tendrá en la ciudadanía esta nueva estrategia de Podemos. El impacto inicial que supuso la aparición de la casta hace muy difícil que vaya a tener las mismas dimensiones. Pero sería un error subestimar la capacidad que tienen. En el lenguaje político, son los mejores: simplificación máxima y repetición constante. De los tweets a los medios, de los medios a la ciudadanía.  Así de fácil, así de complicado. ¿Sabrán contrarrestarlo desde los demás partidos? ¿Lanzaran ellos algo parecido?

La trama está servida

 

 

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