una reflexión necesaria

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¿Y si comenzáramos diciendo que el principal enemigo de la política es su propia historia? Podría sonar a disparate, pero reflexionemos sobre ello.

Que la política ha cambiado es un hecho. Nos hemos hecho eco de ello aquí, y en todas partes. Pero también han evolucionado los votantes. No obstante, lo que no han cambiado son las ideologías tradicionales. Sigue habiendo izquierda y derecha. Sigue habiendo casta y pueblo. Y parece que así va a seguir siendo, por más que los tiempos cambien.

Cuando Pedro Sánchez dio su famosa conferencia con la bandera española de fondo, todo el mundo habló sobre ello. Fue un mensaje contundente y directo. La izquierda también contemplaba en su discurso términos como patria y símbolos como la bandera española. Prohibidos hasta entonces, a menos que quisieran perder una buena cantidad de votos. Cierto es que no hace mucho los padres fundadores de su partido tenían los ojos puestos en la Escuela de Fráncfort que en su propia realidad política. No obstante, aquello pretendía significar el abandono de las viejas costumbres y el inicio de la pretensión de tomarse la política como lo que es, un análisis de la realidad de una sociedad del momento y la toma de decisión en favor del beneficio y el desarrollo de esta.

Pero el mensaje no funcionó de la manera esperada, y tras la debacle en las elecciones, donde el sorpasso estuvo a punto de hacerse realidad; y donde el PSOE, abanderado de la izquierda española, cosechó el peor resultado electoral de su historia, la izquierda fue juez y parte de sus propias contradicciones.

Cuando el Partido Popular lanzó su spot “Piensa, sin prejuicios”, quería mandar un mensaje a los votantes. Abandonemos el pasado, analicemos el presente. No obstante, tampoco tardó mucho en granjearse duras críticas. Algo parecido le pasó a Albert Rivera días antes de las elecciones generales, cuando al proponer una modificación de la Ley de Igualdad, la oposición y la prensa se le echaron encima. Por fin había mostrado su verdadera cara, su cara “facha”.

Son algunos ejemplos, pero existen muchos más.

El abandono de las viejas costumbres y el análisis crítico de la sociedad, con sus cualidades y sus deficiencias, parece ser el principal reto de la política contemporánea. Ya se han dado, de hecho, las primeras muestras de ese cambio. Tsipras en Grecia, Le Penn en Francia o Donald Trump en Estados Unidos, son ejemplos de políticos que han dejado a un lado sus tradiciones ideológicas y las de sus votantes, y han emprendido el análisis de la sociedad actual, aunque eso signifique asumir el riesgo de perder un buen número de votos. Plantean una forma de comprender la política completamente nueva que, sin embargo, ya ha sido relacionada con miles de experiencias políticas anteriores.

Sören Kierkegaard, uno de los padres del existencialismo, afirmó que “aquello que se clasifica, se anula”. Y la historia encuentra en la clasificación su principal aliado. Por ello, apartar la vista del pasado y vivir en el tiempo presente puede ser una buena forma de empezar.

Dejemos que el tiempo pase, y sólo después, que nos lo cuenten los historiadores.

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