Creemos ser democráticos

Democracia

“Desde una perspectiva de gobernabilidad, consolidar la democracia no equivale, pues, a defender, por ejemplo, el statu quo de un mero turno electoral caudillista o partidocrático en el ejercicio de un poder en gran parte patrimonial, clientelar, mercantilista y arbitrario. Exige promover la evolución o cambio institucional hacia una sistema de representación y participación política que permita el máximo de intercambios entre el máximo de actores. Es por esta vía como la consolidación democrática se corresponde, además, con la eficiencia económica y la integración social…

…Frente a la razón deificada, Hume nos propone quedarnos con la “creencia”, es decir, en un cierto sentido del mundo producido a partir de la reflexión sobre nuestras percepciones imperfectas de la realidad. Esta reflexión que hace brotar la creencia se debe a la imaginación y puede ser siempre socavada por la razón. Nuestras creencias no proceden de la razón, sino de la imaginación. Al reflexionar imaginativamente y construir un sentido para nuestro mundo no sólo expresamos nuestras percepciones racionalizadas sino que las ordenamos valorativamente. Mediante la constante aplicación crítica de la razón a nuestras creencias fundamos el espíritu de tolerancia y evitamos todo dogmatismo. Una asociación política fundada en un sistema de creencias tiene la doble cualidad de superar el dogmatismo y de reconocer el papel de las valoraciones éticas en la reflexión o imaginación que funda las creencias…

Para Adam Smith el fundamento de la sociedad no se encuentre ni en la mano invisible, ni en los empresarios ni en la riqueza, sino en la justicia, el derecho y la ética:

“…cuando prevalece la injusticia la sociedad necesariamente se destruye. La beneficencia es un ornamento que embellece, no el fundamento que soporta el edificio, y por ello sólo basta con recomendar que se adopten conductas benéficas, pero no hay que imponerlas. Por el contrario, la justicia es el principal pilar del edificio. Si se la quitara, todo el inmenso tejido de la sociedad se rompería y quedaría sólo en átomos. A efectos de cumplir con la justicia, la naturaleza ha puesto en el corazón humano un sentimiento de abandono, de temor al castigo merecido, como la mayor garantía que tienen las sociedades, como protección de sus miembros más débiles, para frenar la violencia y para castigar al culpable…

Lo verdaderamente relevante en términos de desarrollo no es de todos modos el juicio o la valoración moral -cuya ausencia es en cualquier caso grave-, sino la práctica individual y social de principios, estándares y normas más elevados éticamente. En todas las sociedades se produce una tensión entre el nivel normativo y el nivel práctico de nuestros juicios éticos. Nunca nos acabamos de comportar socialmente del modo que consideramos que deberíamos comportarnos todos en beneficio tanto propio como del común. Esta tensión puede resultar extraordinariamente creativa en un contexto de pluralismo valorativo y de sociedades abiertas a la experimentación y el aprendizaje…

…Pero el “hagan lo que yo digo y no lo que yo hago” puede alcanzar extremos socialmente patológicos enervadores del desarrollo. Así tiende a suceder en sociedades como las nuestras tan fuertemente impregnadas por la “informalidad”. Entre nosotros las reglas generales formales acerca de los comportamientos correctos e incorrectos tienen que coexistir con las reglas igualmente generales e informales institucionalizadas en lo que llamamos clientelismo, prebendalismo, patrimonialismo, mercantilismo… Esto explica el doble juicio moral, normativo y práctico, con el que corrientemente nos manejamos tal como por lo demás expresan las encuestas y estudios sobre cultura cívica y política. Por ejemplo, valoramos negativamente el clientelismo y el prebendalismo, pero manifestamos comprensión y hasta permisividad respecto de su práctica. Esto se debe sin duda a que los consideramos instituciones informalmente tan arraigadas que no está en el horizonte su sustitución o superación, por lo que nuestra estrategia vital debe desarrollarse dentro de ellas…

…Necesitamos políticos emprendedores en el sentido expresado por Spinoza, Flores y Dreyfus, es decir, políticos capaces de captar “desarmonías” en las prácticas sociales, vivir intensamente estas desarmonías como un problema de identidad o sentido vital y actuar como generadores en un espacio colectivo determinado de un proceso de transformación de prácticas sociales que producirá nuevas identidades, significados y reglas. Los verdaderos emprendedores tienen fuerza para hacer historia, superando todos los costes de incertidumbre inherentes a su tarea, porque viven la desarmonía que descubren y deciden vivir para superarla transformándose a sí mismos y al espacio colectivo en el que actúan. Por los citados autores consideran que fortalecer la “emprendedoriedad” no es tanto un problema de conocimientos como de sensibilidad…

…América Latina vive una profunda crisis intelectual y moral. Apenas se atisban proyectos de sociedad distintos a las propuestas de los organismos internacionales -y especialmente los bancos de desarrollo-, convertidos quizás sin pretenderlo en los intelectuales orgánicos de la región. Y, lo que es peor, las anomalías a esta regla asemejan esperpentos construidos con remedos de la peor tradición populista. La crisis moral es profunda también: las democratizaciones falentes, la globalización y las nuevas tecnologías en la mayoría de los países de la región se han correspondido con la pérdida de confianza en las instituciones políticas, bajísimos niveles de confianza interpersonal y en muchos países serias crisis de gobernabilidad. La década perdida reinterpretada desde la agenda neoliberal no alumbró sino la ilusión de un desarrollo reencontrado en la primera mitad de los noventa, cuyo final nos ha despertado a una realidad sobradamente conocida en la que cada vez menos personas pueden creer en proyectos colectivos. El horizonte se llena de rebeliones en busca de causa, de oportunidades en las redes ilegales globalizadas, de huidas hacia la emigración y, por debajo de todo, de mucho dolor humano principalmente concentrado en las mujeres, los niños y los grupos étnicos. Nuestras sociedades, siempre profundamente desiguales, faltas de proyecto nacional creíble, corren hoy un riesgo de fraccionamiento quizás mayor que nunca…”. (Joan Prats i Català. Instituciones y desarrollo en América Latina ¿Un rol para la ética?  http://www.uoc.edu/web/esp/art/uoc/prats0502/prats0502.html)

Esta cita que prácticamente es la deconstrucción de un texto-entrevista que le realizaran a Joan Prats, quién fuera citado y referenciado por el candidato Presidencial Chileno Alejandro Guillier, un considerado “outsider” de la política del mencionado país que tuvo como amago el trunco regreso de Ricardo Lagos y la confirmada vuelta de otro ex mandatario como Sebastián Piñera.

El catalán que investigo la gobernabilidad y gobernanza en América Latina, recostado teóricamente en Hume, desmenuza el encantamiento que genera lo democrático, es decir su capacidad de que es una sensación, lo que queremos creer, pero nunca lo que podrá ser. Prats, apunta con envidiable criterio, sostenido en Smith, que la columna vertebral de toda sociedad es la justicia, definiéndola magistralmente, saldando la deuda de Kelsen con su no respondida cuestión acerca de ¿qué es justicia?, como un sentimiento, al que naturalmente se inclina un corpus social cuando siente que le falta, que le falla o que no lo tiene adecuadamente, corrompiéndose.

La perspectiva, suponemos que dentro de su propia ética, obrando con el ejemplo, que aplica Prats, otorgando un sitial preferencial a América Latina, donde habrá generado además de vínculos laborales y académicos, los otros, los afectivos, nos determina a quiénes habitamos de este lado del océano a responder tal exhorto, como en otro ocasión hiciera, en particularidad otro notable español, Ortega y Gasset con el “Argentinos a las cosas”, de hecho lo recoge, el candidato presidencial Chileno.

Candidato que más allá de cómo le vaya electoralmente, seguro que representa lo expresado por Prats de la necesidad de políticos emprendedores, creativos, captadores de desarmonías, que apuesten más a la sensibilidad, que a la razón cientificista que nos da como resultados los desastrosos números de marginalidad y pobreza, de los cuáles al menos, deberíamos reaccionar en nombre de esa sensibilidad, a la que apela Prats, y que nos hace humanos.

Captar tales desarmonías, hacer política desde una doctrina cibernética, también es enviar estos artículos, para que sean desechados en los ámbitos que los desechan sistemáticamente, ámbitos sí no opresivos, colaboracionistas, con este mundo vaciado de la sensibilidad que favorece, avala y promueve, índices tan altos de marginalidad y pobreza, por más que la quieran disfrazar con discursos didácticos, pedagógicos o con investigaciones académicas sometidas a doble referato ciego.

 

Francisco Tomas Gonzalez Cabañas en Política Comunicada 

 

 

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