¿Qué es el consumo político?

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Al consumo político se le encuadra dentro de las formas de participación no convencionales. Entendemos el consumo político como la acción que ejerce la ciudadanía a través del mercado y eligiendo a los productos o productores en función de valores éticos, políticos o morales (VÁZQUEZ, 2014, pág. 123). Se aleja de los estándares convencionales de participación y se sirve de lo cotidiano para ejercer su influencia, encuadrando los objetos de consumo en un contexto social y político (Llopis-Goig, 2011, pág. 90).

Pero el consumo político necesita de una diferenciación, pudiendo encuadrarse en un consumo positivo o negativo (buycott o boycott). El primero alude a la compra de un producto por diversas razones, ya sean políticas, medioambientales o éticas. Por el contrario, los boicots responden al rechazo de los ciudadanos ante empresas que tienen unas políticas que no son adecuadas según sus valores y utilizan esta forma de acción para influir y que las cambien (Llopis-Goig, 2011, pág. 91).

Vázquez explica este hecho como una acción ejercida por los ciudadanos responsables que, conscientes de los problemas que influyen directamente en el bien común, deciden realizar acciones individuales o colectivas para hacer frente a dichos problemas. Esto vendría influenciado directamente por la desconfianza y desafección a los políticos y a los medios de participación tradicionales al considerar que no utilizan su poder para invertir las políticas que llevan a cabo determinadas empresas (VÁZQUEZ, 2014, pág. 124).

¿Existe un perfil de consumidor político delimitado? Es una pregunta difícil de gestionar, puesto que se corre el riesgo de no tener todos los factores en cuenta. Es una tendencia en alza, influenciada en buena medida por la conciencia creada a partir de la explosión de las nuevas tecnologías, que facilitan una información acerca de prácticas de empresas que influyen en el consumo.

Amparo Vázquez y Ramón Llopis coinciden en que el cosmopolitismo es un factor determinante, dado que proporciona una apertura al mundo que, acorde con la globalización, supondría una mayor visión global de los problemas de producción (Llopis-Goig, 2011, pág. 103). Junto a esta variable, influyen otras más como indican otros estudios: ser mujer, joven, mayor nivel de estudios, con altos ingresos e interés por la política y participación de forma no convencional (VÁZQUEZ, 2014, pág. 136).

Estos datos no quieren decir que la teoría siempre se cumpla, pero indican unas variables que si se dan algunas de ellas existe la posibilidad de que el consumo político sea una forma de participación.  Por lo tanto, el consumo se está extendiendo en la sociedad, proporcionando un marco de acción colectiva o individual donde el consumidor reivindica una serie de políticas en base a la justicia social.

Se denominaría a este hecho consumocracia, estrechando el camino existente entre la participación política y los hábitos de consumo, cotidianos, estableciéndose el consumo político como una opción de participación cada vez más sólida y eficaz (VÁZQUEZ, 2014, pág. 140).

Bibliografía

LLOPIS-GOIG, R. (2011). Consumo político y cosmopolitismo. Un estudio de participación política postconvencional en España. Reis(135), 89-106.

VÁZQUEZ, A. N. (2014). Consumocracia”. El consumo político como forma de participación de la ciudadanía. Política y Sociedad, 151(1), 121-146.

Fuente imagen: https://goo.gl/3l7ZdP

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